2008-10-14

Miedo.

¡Qué puto es el instinto de conservación!

El otro día escuché en la radio una sórdida historia de la guerra de Croacia, un episodio en el que una noche organizaron una masacre en la que aquel que fuera capaz de degollar a más desgraciados le regalaban un reloj de oro. El hijo de puta que lo ganó le rebanó el pescuezo a más de 1000 personas.

Además parece ser que no era el único que estaba dale que te pego al cuchillo. Dejando al margen que ahora eso de "lo ha dicho la radio" tampoco es que sea garantía de veracidad y no lo he comprobado, lo cierto es que me generó inquietud y me puso mal cuerpo, me pregunté cómo es posible que más de 1000 personas se dejen matar como corderitos, qué hace que nadie mueva un dedo por vivir unos minutos más o unas horas. Por qué no cogen y mueren con dignidad y de paso se llevan a uno de esos cabrones por delante. Está claro que nunca sabes lo que puedes llegar a hacer pero siempre será mejor morir que perder la vida.

Supongo que uno no piensa sólo en si mismo sino en quién deja y las posibles represalias que sobre ellos se pueda ejercer.

El caso es que al hilo de esto, me surgen dos reflexiones que me llevan por dos caminos distintos:

a) Toda la vida pensando que era pacifista, objetor de conciencia y creyendo en un mundo de ilusión y fantasía caminando hacia la utopía y bla, bla, bla. En lo personal mi propia vida hizo que me enfrentara a mis propias contradicciones y me replanteara todo aquello. Aquella guerra fue un ejemplo de en qué se puede convertir gente normal con un arma en la mano y azuzada. En el fondo siempre he creído en la legítima defensa y si no fui al ejercito fue porque tal y como estaba concebido no era más que un instrumento para doblegar a la juventud y enseñarla a obedecer. -cosa que ahora se echa de menos, que hay que ver cómo vienen las nuevas generaciones-. Ahora, que si vienen una panda de moros a darnos por el culo, a violar a nuestras mujeres y a poner, como diría mi vieja, un rullón en la cabeza de mis niños, creo que no tendría remilgos en defender a mi familia. O en defender algo, no se muy bien qué, el Futuro, la Libertad, es que la Patria o la bandera no me convencen mucho, volvemos a que han sido instrumentos para someter y no símbolos de unión. En definitiva, como no todos somos corderitos de Norit, más vale prevenir alejarse de los hijos de puta y defenderse cuando el conflicto no es evitable. Me jode que me chuleen y que alguien se salga con la suya por la puta cara. Es triste pero algunos el único diálogo que entienden es de ser más cabrón que ellos, y eso de no ponerse a su nivel es una falacia y dejarse dar por el saco. Como dice Woody Allen -vete a saber si es verdad- ¡que el lobo y el cordero dormirán juntos! Sí, pero el cordero no pegará ojo.

b) A otro nivel, el instinto de conservación también podría aplicarse a las cosas materiales, no digo que no queramos tener un mínimo para vivir, lo malo es que vivimos para las cosas, para acumular, y el mínimo es cada vez más máximo, lo cachondo es que lo damos por bueno, nos han hecho creer que somos todos burgueses y nos lo hemos creído. Otra puta manía, lo que yo hago es lo mejor y es lo que tiene que hacer todo el mundo. Así no tenemos pelotas para salir del círculo en el que estamos metidos y nos dejamos doblegar por el Trabajo. La putada es que está tan incrustado en la Sociedad que es como cuando te incorporas a la autopista o vas a la velocidad de los demás o no entras y no entrar supone, renunciar al mínimo existencial. No tengo la receta pero algún medio habrá de ir por la general, andar a tu ritmo y parar cuando te apetece a contemplar el paisaje, al final las autopistas están tan petadas que tampoco se puede correr.

Conclusión: olvida el miedo porque si vives con miedo, algún hijo puta se aprovechará de ti.
Me voy a dormir.