Vuelvo al blog, como dijo el Señor
volved a Galilea. Varios meses después, así no le doy la barrila a nadie. He estado liadillo, demasiados idazlanak para volver a la casa común. También bastantes correos, la mayoría con escaso éxito de crítica y público.
Usar este medio sólo para relatar partidas de ajedrez me parece infrautilizarlo, asín que mira me haré aquí mi txokito de opinión, me ahorro interminables correos que me da que no interesan, total como lo que quiero es enrollarme un poco y dar curso a mis paranoias, con ésto me vale.
Estaba aquí viendo
Soldado de Fortuna, vaya traducción, podían haberle dejado el original
Legionario. Está bien la
Légion étrangère, para mi gusto le falta la marcialidad del carnero con el chapiri y el Novio de la Muerte que les diera Millán Astray, pero se ve más civilizada que nuestros Tercios, digo nuestros porque imagino que de la parte del cupo que va al ejército algo le llegará al Tercio.
Si alguno quiere alistarse que mire en
http://www.legion-recrute.com/es/ creo que admiten objetores.
Pero volviendo a Millán-Astray, curioso personaje, José de nombre y gallego de origen, que coño pintaría un gallego en el puto desierto, aunque en el fondo que pinta un gallego en Cuba, en Argentina, en Suiza, en Burkina Faso, el caso es que tenía mala leche el hombre, así que tuvo aquel altercado verbal con Miguel de Unamuno, el 12 de Octubre del 36, don Miguel a la sazón rector de la Universidad de Salamanca, le cantó las cuarenta finamente:
Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Os recomiendo leer el discurso del fascista de Millán-Astray y la fina respuesta que le largó, de la cual he reproducido aquí el final.
Parece que hemos superado los totalitarismos de los años 30, sinencambio, ahora es todo mucho más sutil y el dominio de las masas no se ejerce como antaño, si bien, dominantes y dominados básicamente son los mismos, en definitiva algo de aquello queda.
A lo mejor estos días asistimos al fin del Estado de las cosas, a saber, lo que está claro es que nos va el Futuro en ello.
No me quería poner trascendente, me voy al sobre a ver si puedo dormir hasta las 6:30 y a ver si mañana no me tocan mucho las pelotas en el trabajo, lo que viene a ser el último reducto del fascismo y el dinero es la svastica.